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  3. Klamendor Daal'inar

    Atributos 7 Físico 7 Destreza 6 Inteligencia 6 Percepción Valores de combate 28 Puntos de vida 18 Mana 8 Iniciativa 9 Ataque CC (Espadón) 9 Ataque a Distancia (Arco) 9 Defensa Habilidades Físico: 2 Espadón Destreza: 2 Arco 1 Escalar 2 Defensa 1 Nadar 2 Robar bolsillos 2 Sigilo Inteligencia 1 Navegar 1 Supervivencia/Cazar Percepción 2 Advertir/Notar 1 Rastrear 2 Reflejos Historia:
  4. Última semana
  5. [Ficha] Raina Hein

    Atributos6 Físico7 Destreza7 Inteligencia6 PercepciónValores de combate24 Puntos de vida21 Mana7 Iniciativa8 Ataque a Distancia (Ballesta ligera)8 Ataque a Distancia (Estoque)9 Defensa Habilidades Físico 1 Atletismo Destreza 1 Ballesta ligera 1 Estoque 1 Escalar 2 Defensa 1 Nadar 2 Sigilo Inteligencia 1 Callejeo 1 Fauna 1 Leyes 2 Sanación/Hierbas 1 Tradición/Historia 1 Alquimia 1 Dibujo Percepción 1 Advertir/Notar 1 Buscar 1 Disfraz 1 Rastrear 1 Reflejos 1 Rumores Poción de Salud Débil: Regenera 1d6 PdV en combate. Solo puede sanar daño leve (Por encima del umbral de herido) Poción abrasiva: Un compuesto químico abrasivo que puede ser arrojado hasta a 2 turnos de distancia que genera 1d3 de daño a un máximo de 3 objetivos juntos que ignora armadura. Vapores tóxicos I: Este compuesto, ideado para ser arrojado contra un objetivo con el fin de ser inhalados, corroen y dificultan la función a las vías respiratorias, que supone un efecto corrosivo a corto plazo de breve duración. Inflinge x puntos de daño por turno, siendo x la mitad del nivel de alquimia redondeado al alza durante d3 turnos a un máximo de 2 turnos de distancia. Ignora armadura. Estimulante 3%: Produce un aumento de la atención, mejora la memoria y disminuye la irritabilidad, permitiendo al individuo concentrarse con más facilidad. Disminuye en 1 la dificultad de tirada de habilidades vinculadas al atributo Inteligencia durante x turnos siendo x el valor de alquimia. Después, el sujeto sufre un penalizador de -2 a acciones vinculadas al atributo Inteligencia.
  6. Raina Hein

    El tiempo pasa factura a todo lo que nos rodea, lo transforma o lo destruye. Pero incluso cuando pretendemos alejarnos de aquello que nos hace enfermar, de aquello aislado en recónditos recovecos en nuestra memoria, el pasado nunca nos suelta. Me encuentro frente a la puerta, el frío del pomo me petrifica, y después, la oscuridad de la habitación, ese templo de soledad y lamento silencioso, me golpea con su indiferencia. No es mio ese santuario, y al mismo tiempo, es parte de mi. Parte de mi sangre, de mi herencia paterna. Me da la bienvenida, cede y se resigna, me deja entrar. Mis pasos hacen que la madera se queje y gruña. Veamos qué hace aullar a los perros por la noche, y enderezar las orejas a los gatos después de las doce, me digo intentando vestirme de la frialdad propia de un espectador ajeno a la obra y drama de los personajes. Me aproximo al caballete dispuesto en mitad de la habitación, lo único que parece haberse encontrado en el centro del huracán que terminó alborotando el resto del inmueble ante uno de sus arrebatos de furia desbocada que, con el tiempo, se habían vuelto crónicos. Descubro el lienzo de la tela que lo cubre, y ésta cae inerte sobre el suelo ante mi espanto. ¿Mamá?, me pregunto con miedo al advertir los caóticos trazos, colmados en exceso de pintura al óleo que armaban una atroz e irreal representación de una figura femenina, la única que dejó entrar en su vida voluntariamente para hacer de ella la diana de una ira abstracta y masculina. El amor de un hombre duele, decía ella, pero es voluntad divina la de que seamos sometidos a incontables dificultades a lo largo de nuestras vidas, que la esposa sepa acoger la dicha que le brinda el marido y aprenda a soportar sus desaires. Nos pone a prueba, nos concede nuestros anhelos a cambio de hacernos infinitamente desdichados para que el día en que dejemos este mundo, nuestra virtud pueda ser defendida ante el juicio divino. No llores, hija mía… Aunque mi cuerpo sangre y mis huesos se quejen, tu mera visión me aplaca, mi pequeño ángel, mi gran anhelo. Mi madre era una feligresa redomada y complaciente cuya vida giró en torno a su deseo imperioso de convertirse en una esposa y madre modélica. Una mujer clásica y tradicional, heraldo de la mismísima compasión. Mi padre por el contrario, consagró su vida a las ciencias empíricas en concreto a las referentes a la salud y la enfermedad, con el tiempo, se convirtió en un reputado médico gilneano gracias a un par de patentes de su propia cosecha. Sin embargo, su cinismo y osadía le generaron tantos enemigos que se vio obligado a abandonar el territorio junto con nosotras, cuando yo apenas era un bebé. Sus torpes y erráticos pasos le llevaron hasta Bosque del Ocaso, y allí, no tuvo otra opción que la de aceptar uno de los pocos trabajos ofertados a los forasteros -aunque en un lugar como este, puedan pasar una veintena de años y sus inquietantes residentes te seguirán viendo como un extraño-. Y así, empezó a ejercer el escasamente glorioso cargo de enterrador local. Mi madre siempre sospechó que tener que rendir culto a la muerte en lugar de a la vida como hacía en su antigua ocupación terminó desgajando la cordura de su elevada mente conforme pasaron los años. ¿Y a quién no? El trato con los muertos hace de la persona un ser inestable y tenebroso. Convivir con él se había vuelto un tormento. Durante las noches miraba el techo tumbada en la cama escuchando los gritos de mi padre hacia la oveja servil de mi madre, hasta que al final, se convirtieron en mi canción de cuna habitual. Aún podía escuchar en aquella casa el aullido de ese tempestivo perro desgraciado aunque hubieran pasado horas desde su funeral. Me llevó días macerar todo ese torrente de sensaciones, sentimientos y recuerdos. Registré la casa por entero, revolví cada cajón y levanté cada tablón suelto mientras imaginaba las atrocidades que había podido ejercer en ese apartado a espaldas de todo el mundo. Y encontré lo que buscaba. Acaricio las desgastadas cubiertas de una libreta sin título. Con pulso firme, la abro de par en par y comienzo a leer. Notas médicas. ¿De quién? La fecha insinúa que fueron tomadas hace poco más de un año, cuando... No puede ser. Mujer… Fiebre elevada… Escalofríos… Erupciones cutáneas… Viruela. Carolina Hein. Mamá. Y nunca lo sospeché… Después de tantos años donde había aprendido de él mediante intervenciones de práctica sobre cuerpos inertes… No se me ocurrió pensar que se atreviera a tratarla sin medios, sin instrumental apropiado… que quisiera arriesgarse a sobrepasar el umbral de cuarentena por la elevada capacidad infecciosa de la viruela. Incurable y atroz. Y ella… Guardó silencio. Como siempre. Las páginas están plagadas de pruebas y ensayos. La sometió a tanto tormento… A tanto dolor… Se me caen las lágrimas, sudor frío de impotencia. Y un miedo atroz me consume. La ira es lo que resta tras unos momentos. Antes de darme cuenta, me encuentro frente a ese dichoso cuadro. ¿Es esta tu mofa, perro? ¿La culminación de tu mal interior una vez te diste cuenta de que no podías retener a tu diana personal más tiempo contigo? Arrojo el cuaderno al suelo. Me planteo destruir el cuadro. Su recuerdo no se merece permanecer enturbiado por la visión de un loco. Nunca lo mereció… Nada de todo lo que tuvo que soportar y que de tan buen grado supo perdonarte. Ahí, sin ojos, sin expresión, con el cuerpo retorcido… Como un pedazo de carne muerto y pálido. Un cadáver. Tomo el lienzo entre ambas manos y miro hacia la chimenea encendida. Pero me detengo a un par de pasos. Nunca la amaste verdaderamente. Tus actos lo demuestran. ¿Cómo era posible que la locura y no la lucidez te arrojasen a amarla con tanta desesperación? ¿Por qué cuando ya yacía inerte? No se merece esto. Ella, no lo merece. No merece ser por última vez la víctima de tus barbaridades. Dejo el cuadro donde estaba y me hago con una de las botellas de licor que se encuentran en el cuarto. Me hace falta. Miro ausente el cuadro, sentada en la silla enfrentada a éste… Y me puse a continuar lo que él hizo. No. A rehacer lo que él había roto tan compulsivamente. Una. Y otra. Y otra vez. Fue en una de esas largas noches de arte nocturno que un aporreo en la puerta me hizo soltar los pinceles y la paleta del sobresalto. Una noche lluviosa que auguraba una mañana neblinosa. No hay más médicos en el pueblo salvo yo, y aunque ahora mi oficio también requiera de atender a los muertos por herencia mientras encontraba a alguien lo suficientemente demente como para aceptar el puesto de enterrador, son los vivos quienes suelen despertarme a altas horas de la noche. Por mucho que puedan decir que acudir a un médico que también hace las de enterrador sea igual a poner el brazo frente a un lobo hambriento, no había otra alternativa. Cubro el lienzo con la tela y me encamino a la puerta. Tras ella, un hombre carga con otro al borde del desangramiento. Les invito a pasar amablemente y este, tiende a su compañero sobre la camilla. Están empapados y apestan a lodazal. -Me alegra que hayas venido.-Le interrumpo entonces, cortando en seco el relato sobre fantasmas y espectros de la noche que deambulan por Ocaso, ya cansada de escucharlos. Está sentado en la ventana, muy pálido. Junto a uno de sus brazos arden dos velas casi derretidas que proyectan una enfermiza luz ambarina sobre su nariz larga y su breve mentón. Nathan, el amigo del herido Eloy, es un hombre entrado en años, de mirada cansada y muy malas pulgas. Uno de esos tantos perros sarnosos que moran este pueblucho de mierda. Un perro sarnoso muy duro de matar, todo un reto incluso para los lupinos bípedos del norte. Un cazador, un mercenario o lo que hiciera falta que fuera para sobrevivir en una región donde sólo los fuertes sobreviven. -Quieres decir que te alegra tener trabajo del que lucrarte esta noche.- Es cierto, los cazadores suelen costearme aproximadamente la mitad del mes a cambio de curarles sus rasguños, típicos de las cacerías. Se aproxima a la camilla donde descansa Eloy alejándose del pollete de la ventana sobre el que reposaba de un leve impulso. Va armado, y un hombre armado significa que se cree más de lo que es.-Aun que preferiría que fuera de otro tipo.-Estoy acostumbrada a ese tipo de comentarios. Una mujer adulta, soltera, viviendo sola, nada más lejos de la realidad. Punteo con los dedos cual aguijón la herida abierta que le surcaba el hombro a Eloy que dolía como mil demonios. El hombre dio un respingo y se le arrugó la expresión de un rugido, pero contuvo las ganas de mentar a todos mis difuntos. Me limité a mirar a Nathan una vez me aseguré de que había captado la indirecta “no le toques las cosquillas a un médico.” Lavo mis manos y preparo los útiles necesarios para atender ese desgarro. Parece la mordida de un lobo. Tras administrarle una dosis de anestésico, comienzo a limpiar y coser la herida. Me extrañaba que Nathan guardase silencio durante mucho tiempo. - Me sorprende que un médico sea devoto,-dice mirando los libros sacros entre los infinitos volúmenes de medicina avanzada en la estantería- uno competente me refiero, ¿o a caso es de tu padre? ¿Qué es del viejo sepulturero? Concluyo la sutura valiéndome de un par de giros de muñeca de mi diestra. Lo he hecho tantas veces… El tirón final es de propina. -Teniendo en cuenta que el anterior médico del pueblo creía a ciencia cierta que la pus en una herida es beneficiosa, competente podría serlo cualquiera.-Llevo la vista a las profundas cicatrices que liman el rostro y cuello del hombre, tan mal cosidas y tratadas por el susodicho que me hace hasta gracia. Maldito incompetente. Me incorporo y comenzo a buscar en las estanterías llenas de compuestos alquímicos, docenas de frascos etiquetados de distintos tamaños y colores.-Y mi padre murió hace unos días. Lo poco que la locura no se había llevado de él terminó arrebatándoselo un brote de viruela. No te vi en el funeral. A pocos os vi allí.-Lo interrumpo antes de que me brinde alguna excusa barata.-Era un lobo, ¿verdad Nathan? -Lo era, uno muy grande, de pelo negro. -¿Estaba escondido en alguna cueva? -Eh… Sí, ¿es importante? Como me temía, no encuentro lo que ese pobre diablo necesita, así que tomo el libro sacro y se lo tiendo a Eloy, que me mira con cierto desconcierto. -Mi madre decía que los médicos tenemos el don de darle una segunda oportunidad al enfermo y al herido para que puedan redimirse e intentar hacer llegar la virtud a su vida antes de que irremediablemente deban rendir cuentas ante la Luz por pecadores. -Eloy coge el libro, sintiendo en sus venas el miedo al juicio divino, como sienten todos los malnacidos como él.- Reza, Eloy. Dale motivos para evitarte una muerte lenta y agónica por desangramiento mañana, o de rabia dentro de una semana. Demuestrale que hay dicha en tu alma para que esta no se pierda en el olvido. No puedo tratarte. -¿Rabia? No me jodas. Miro al idiota de Nathan y aproximo un candil prendido a Eloy. Sus pupilas se contraen dolorosamente por la insidiosa jaqueca. Está babeando, tiene fiebre y leves combulsiones en las extremidades. No nota el brazo zurdo. Sensibilidad anómala en la zona mordida. Es rabia. Me incorporo y me encamino hacia la puerta que da al salón. -Puedes dejarle aquí esta noche, pero procura poder pagarme la atención que va a requerir. También puedo ahorrarle sufrimiento. -No es un sucio perro al que sacrificar, matasanos. -Ni yo hago milagros, Nathan. Ten más cuidado ahí fuera, las noticias que llegan estos días parecen sacadas de cuentos de viejas. Da gracias porque vaya a morir por un perro y no por un muerto que camina. Nathan me paga mi parte y se lleva a su amigo con él. Lo veré en cuestión de días pasando por la puerta con los pies por delante. No tardo más de un par de meses en sentir la imperiosa necesidad de huir de mi pasado. He encontrado un hombre dispuesto a ser el guardián de los difuntos, así que ya nada me ata a este lugar. Por dicha divina, mi diligencia sufrió desperfectos en el camino y no llegué a Villa Oscura antes de que las cosas empezasen a enturbiarse. Las sombras se arremolinan en el bosque, los cánticos paganos devoran el silencio en la noche. Los muertos se alzan y reclaman el hogar de los vivos. Ofrezco mis conocimientos médicos a los refugiados y a los heridos. Sus rostros de terror hacen de los cuentos de viejas una noticia local. El nigromante ha abierto sus fauces y arrancado la frágil tranquilidad que tenían los antiguos residentes de los pueblos cercanos. Este bosque se ha convertido en el hogar de los parias, los desterrados y los malditos. A veces, durante las ruidosas noches dudo entre si esta cadena de desdichas no es fruto del mal, si no un castigo divino infligido hacia los impenitentes moradores de Ocaso. Ya ni la tumba es un descanso para nadie. «La muerte es misericordiosa, ya que de ella no hay retorno; pero para aquel que regresa de las cámaras más profundas de la noche, extraviado y consciente, no vuelve a haber paz». ~ H.P. Lovecraft.
  7. Raina Hein

    Ficha molona aquí.
  8. Carta dirigida a la Iglesia de la Luz

    Una vez bajas las escaleras de la habitación para comer, el posadero se te acerca con un papel en la mano. Lo deja en tu mesa sin mucho interés y sin mediar muchas palabras. Se trata de una carta sellada que al ser abierta, contiene el siguiente mensaje: La Luz sea contigo y tus esfuerzos, Kristof. Tras el recibimiento de este mensaje espero que vuestra estadía cercana al corazón del Imperio haya tenido la menor cantidad de problemas posible. Se sabe que la catástrofe de los bosques del sur ha afectado a incontables personas e intentamos brindar apoyo mediante todos los medios posibles. En vuestro caso, es citado a acudir a la Abadía de Villadorada para una reunión formal con mi persona. Nos ocuparemos de brindarle el refugio necesario además de aceptarle con los brazos abiertos en el camino de la Luz, por lo que no debe preocuparse más acerca de un incierto futuro. La Luz provee. Sacerdote Vagri Ygorsson //Se acordará una fecha y hora
  9. Dimisión

    Pues vaya, espero que todo esté bien. Aún habiendo sido breve, gracias igualmente por su servicio.
  10. Dimisión

    Sí, me he unido a la lista de Narradores que no han durado mucho, una pena la verdad... pero al menos quedan unos cuantos aún. Seré rápido, no hay mucho que contar, es un mero formalismo. Yo no puedo seguir siendo Narrador, mis motivos me los llevo conmigo. Pero venga, que no queremos dramas, no es que haya tenido tiempo de crear afecto en alguno ¿Verdad? Seguid disfrutando del rol y compartiendo momentos alegres con vuestros compañeros.. Que para eso está este servidor. (Y como quedó corto, pondré un gif para animarlo)
  11. James Hoat

    CONTACTOS (ST'S) Personas a las que James puede recurrir en un momento dado para conseguir información. En la mayoría de las ocasiones será a cambio de un soborno o una tarea del contacto en cuestión. Esta lista se irá actualizando conforme vaya avanzando el trasfondo del personaje. Contactos: Judith, Agatha, Elliah, Gorgona, Roxanne y Perséfone. Ocupación: Acompañantes de la Ninfa Bailarina. Estado: Vivas. Pueden saber: Cuchicheos, rumores y cotilleos de la clientela. Contacto: Grixx. Ocupación: Cultivador de opio. Estado: Vivo. Puede saber: Dónde conseguir opio y cómo distribuirlo. Contacto: Hank "El Incompleto" Ocupación: Líder de un pequeño gremio de ladrones en los bajos fondos de la ciudad. Estado: Vivo. Puede saber: Movimientos en los bajos fondos. Tasaciones y dónde vender objetos robados. Contacto: Connor Ofrey. Ocupación: Contacto del Gremio - Traficante de armas de fuego. Estado: Vivo. Puede saber: Movimientos en los Páramos. Dónde conseguir armas de fuego para las bandas locales y cómo distribuirlas.
  12. James Hoat

    Eventos Asistidos: - Un nuevo horizonte - Rumbo al sur - Eventos Creados: - Fuera lo viejo, dentro lo nuevo Capítulo I - Fuera lo viejo, dentro lo nuevo Capítulo II - Fuera lo viejo, dentro lo nuevo Capítulo III
  13. James Hoat

    Nombre: James Hoat Raza: Humano Sexo: Varón Edad: 40 años Altura: 1’78m Peso: 80 Kg Lugar de nacimiento: Kul’tiras Ocupación: Gerente de burdel Descripción física del personaje: Ni la vida ni los años le han tratado bien. Las ojeras y las bolsas bajo sus ojos dejan ver que es un hombre que duerme más bien poco. Pese haber vivido ya cuarenta primaveras, da la impresión de que es más viejo de lo que aparenta. De ojos verdes y mirada cansada. Nariz ancha y fracturada. Y con una cicatriz bastante desagradable a la altura del pómulo. De joven era apuesto y atractivo, pero los años y la mala vida han acabado con todo lo que una vez fue. La barba y las patillas se unen entre ellas en una maraña de pelo negro y descuidado. Su melena, a menudo grasienta y sucia, la recoge en una coleta cuando le molesta. Va siempre con ropajes humildes pero útiles, haciendo gala de una pechera de cuero marrón desgastado que le ha salvado la vida en más de una y de dos ocasiones. Descripción psicológica del personaje: No es un hombre malvado, pero tampoco es un santurrón que busca siempre el bienestar del prójimo. Es alguien que no ha tenido más remedio que aprender a sobrevivir en un mundo muy difícil para hombres como él. Ha hecho cosas de las que se arrepiente, pero también ha hecho cosas aún más crueles de las que no. En ocasiones es frío y taciturno, sobre todo cuando no está de humor. Pero eso no quita que también le guste vivir, beber, y revolcarse con alguna buena mujer. Es más perspicaz de lo que aparenta ser en realidad. Aborrece el honor y todos esos cuentos de caballeros y princesas que se cuentan en las historias. Y no se avergüenza, pues eso más que nada es lo que le ha mantenido vivo a lo largo de toda su miserable vida. HISTORIA: Podría decirse que James Hoat es uno entre pocos. Para su desgracia, los hombres como él tienen una vida muy corta y el corazón tan negro como las alas de un cuervo. Pero para su divina suerte, el azar supo llevarlo por los caminos precisos en los momentos precisos. Nacido en una casucha en plena calle del huérfano de Kul'tiras. Hijo de iletrados pescadores, sobrino de marineros y nieto de toneleros. Su línea de sangre nunca se mencionó en los voluminosos tomos de la nobleza. Nació en una familia de despojos, y todo indicaba a que su final no iba a ser muy distinto al de todos aquellos que le precedieron. Fue el mayor de tres hermanos, y como tal también fue el primero en darse cuenta de que no le esperaba gloria alguna ni a él ni a ninguno de sus amados hermanos de sangre. Nunca tuvo la oportunidad de coger un libro. Por aquel entonces ni siquiera sabía cómo se escribía su propio nombre. Siendo solo un rapaz de seis años empezó a trabajar para su padre, que a su vez trabajaba para un hombre muy por encima de su santo y querido padre. Empezó a partirse el lomo por miserias. Aunque los músculos engarrotados al final del día y el hedor a pescado podrido no era nada comparado con lo que sufría al ver a sus hermanos seguir la misma senda. En cuanto cumplió la edad requerida para entrar al servicio, se enroló en uno de los buques al servicio de su Rey y su patria. Aunque estuvieron a muy poco de lanzarlo a los mares atado de pies y manos cuando años después metió a sus dos hermanos pequeños como polizones en el barco al que había jurado servicio. Se libró de aquella porque pese a sus edades, los muchachos tenían brazos fuertes que podrían servir en cubierta. Los años siguientes fueron duros en la mar. Se hizo amigo de la pólvora y la espada muy pronto, y aunque no estaba entre los más diestros marineros, supo ingeniárselas para mantener el pellejo intacto. Los días, las semanas y los meses en el camarote también pasaban lentos, así que tuvo tiempo suficiente para aprender a leer y a escribir. Y de hecho, manifestó un hambre insaciable de saber en cuanto aprendió. Años más tarde los hermanos terminarían separándose definitivamente, sirviendo en naves distintas. Pero aún así bajo el mismo estandarte. En cualquier caso, el destino de Hoat se trocaría cuando el bergantín donde servía fue sorprendido por las naves orcas. La pelea fue larga y sangrienta, y el final fue aún peor. La Doncella Gris, que se así solía llamarse la nave, naufragó por el Mare Magnum. Cientos de hombres perecieron aquel día, pero una vez más la vida volvió a sonreír a un jovencísimo James. Despertó en una orilla desconocida. En una isla que ni sus ojos habían visto ni sus pies habían pisado. Una tierra salvaje. Una jungla inmensa. Aunque más tarde se daría cuenta de que se trataba de las húmedas y peligrosas tierras de Tuercespina. Los goblins fueron los que lo salvaron del hambre y las bestias, pero aún así fueron los que también le condenaron. Dadas sus aptitudes de combate, se le agenció rápidamente el puesto de guardaespaldas para un orondo y maloliente goblin llamado Jax. Comúnmente conocido entre sus enemistades como El Raudo. Trabajó para él durante varios años, ejerciendo como matón a sueldo. Su trabajo era sencillo por aquel entonces. Lo único que hacía era aclarar las lealtades de los socios del Raudo, y asegurarse de su protección. Pronto corrió la noticia de que James seguía vivo, y fue entonces cuando los acusaron de desertor y traidor al reino de Kul’Tiras. Para su suerte, los soldados de su majestad no gastaron demasiados recursos en buscarlo. Años más tarde expiraría su contrato con el Raudo, cuando el viejo goblin se topó con la muerte en una emboscada mucho más al norte. Una vez más la suerte volvió a tocar a ya un curtido Hoat. Con la sesera más clara y las manos más rápidas, sobrevivió a todo aquello. Y fue a parar a Elwynn, donde empezaría a trabajar como mercenario a sueldo por cuenta propia. Alquiló su espada a toda clase de personalidades, y se pateó las tierras del Imperio de cabo a rabo en toda clase de escaramuzas donde se necesitasen espadas prescindibles. Hasta que la oportunidad de un trabajo fijo y un sueldo estable llamaron a sus puertas, de la mano de un hombre de buenos ropajes y la bolsa llena. Don Rollan, el dueño de un modesto burdel de Villadorada.
  14. [Misiva] Al Ejército de Khaz'Modan

    Una misiva es enviada al Cuartel General Militar de Forjaz. Esta doblada en varios lados. Ha sido dejada en la correspondencia. Sere breve en mi misiva para no haceros perder tiempo. Soy Ofülg Rompeacero del Clan Yunquemar, deseo entrar al Ejército que protege Khaz'Modan. Por Khaz'Modan. Ofülg Rompeacero @El errante
  15. Dibujitos

    Es que antes era igual a Jared, so...
  16. Dibujitos

    JAJAJAJAJ ya te vale @ILUSDN, esperas a que Nich esté en su peor momento para retratarlo por primera vez :'( Me flipan los bocetos
  17. Dibujitos

    Jajaja Por algún lado del hilo de situaciones graciosas hay un dibujo de Bodvar con capucha. Ahí, demostrando todo su poder, enfrentando a un ogro.
  18. [Juego] Continua la historia

    Se encontraba terriblemente confuso en el bosque, mientras se mecía en brazos un Múrloc cagado. Tras un solitario Tauren albino se encontraba la muerte del Unicornio Pepe. —¡Que Desdicha! ¡Lagarto! —dijo mientras intentaba tragarse a . -¡Cagüentuagüela! - Ajin te tireh un peoh pa entro y te ajogeh de la pehte!- le contestó el lagarto. Al llegar el nigromante, un yunque parlanchín le miró muy severamente y dijo: - Llegas tarde. Los elfos han dominado el mundo. - la pizza de maná llevaba piña, y fel caramelizado, para chuparse los dedos del pie sucio maloliente Entonces ocurrió
  19. [Páramos de Poniente]: Un nuevo hogar.

    Aquella noche era fría en las tierras de los Páramos del Poniente. El otoño se acercaba lentamente a su final y los habitantes del lugar se preparaban para el invierno que acontecía. Ya había pasado casi un año desde la guerra gnoll, menos aun de la caída de Ocaso, y sin embargo, la crisis en Páramos seguía pero muchos ya la habían olvidado. Pero no importaba, sería su propio pueblo, sus propias gentes, quienes se encargarían de proteger aquellas tierras de todo aquel que quisiera imponer su yugo y desangrar a todo buen hombre y mujer. Había sido informado hará dos días de unos nuevos inquilinos, cerca de la antigua finca Tandrich. Aquella familia sufrió el destino de la guerra y de la traición. Pocos se atrevían a pronunciar cerca mía su nombre, hacían bien, no quería recordar aquellos días y todo lo que había supuesto, pero poco importaba ya. Otto, ese cerdo, había venido implorando ayuda, diciendo que aquellos nuevos inquilinos eran bastante extraños, provenientes de Elwynn además, y se negaban a pagar el tributo de protección de aquella zona. La presencia había disminuido en la zona norte, Mantorrecio y las fuerzas imperiales se habían impuesto, sin embargo, eso no había cambiado demasiado, no tenían suficientes fuerzas para cubrir toda la zona y sin duda, me aprovecharía de ello. Quise ver con mis propios ojos aquellos nuevos "granjeros" de Elwynn, así que accedí a la petición de Otto. Reuní a las bandas del lugar y marche hacia allí, debía dar una imagen de supremacía, imponente y ver como se comportaban ante ella, y la respuesta fue poco más que extraña. De los 8 o 9 que eran, 4 vinieron a dialogar. Uno de ellos, vestía buenas ropas y su dialecto era sin duda exquisito al igual que el señor Miller. Había otro, no habló demasiado salvo para reprochar al señor Miller, pero quien me llamó más la atención fue aquella muchacha rebelde. No parecía tener buena procedencia como el resto, tampoco se comportaba como ellos y sin duda, no dudó ni un instante ante la idea de ejecutar a Otto. Lo justo había sido reclamar un dedo, pero decidí mostrarme piadoso de primera mano, así que les di la vida del inútil de Otto, y un tratado de protección por mi parte. Mostraban desunión, debilidad y sin duda, ocultaban algo que por el momento solo podía suponer. Me marché de aquella finca, pensativo. Debía mover ficha antes de que lo hicieran ellos, el tiempo apremiaba, Páramos debía ser protegido.
  20. Dibujitos

    Con la de barba y pelo que tiene, de por si ya es un osito. ¿Qué miras, quieres pelea? mi clan mi clan, elfos elfos, grawr grawr.
  21. Dibujitos

    Propongo un boceto de Bodvar con mascara de oso... un oso Furry.
  22. Dibujitos

    ¡jajajajaja! qué mala es la envidia, aunque ese dibujo se puede aplicar a los cuatro por haberlos dibujado tan sepsis, y el único que tiene licencia para serlo es Odriel. En el caso de Bodvar da un poco igual, total siempre va con la cara tapada por esa careta de oso.
  23. [Juego] Continua la historia

    Se encontraba terriblemente confuso en el bosque, mientras se mecía en brazos un Múrloc cagado. Tras un solitario Tauren albino se encontraba la muerte del Unicornio Pepe. —¡Que Desdicha! ¡Lagarto! —dijo mientras intentaba tragarse a . -¡Cagüentuagüela! - Ajin te tireh un peoh pa entro y te ajogeh de la pehte!- le contestó el lagarto. Al llegar el nigromante, un yunque parlanchín le miró muy severamente y dijo: - Llegas tarde. Los elfos han dominado el mundo. - la pizza de maná llevaba piña, y fel caramelizado, para chuparse los dedos del pie sucio maloliente
  24. [Juego] Continua la historia

    Se encontraba terriblemente confuso en el bosque, mientras se mecía en brazos un Múrloc cagado. Tras un solitario Tauren albino se encontraba la muerte del Unicornio Pepe. —¡Que Desdicha! ¡Lagarto! —dijo mientras intentaba tragarse a . -¡Cagüentuagüela! - Ajin te tireh un peoh pa entro y te ajogeh de la pehte!- le contestó el lagarto. Al llegar el nigromante, un yunque parlanchín le miró muy severamente y dijo: - Llegas tarde. Los elfos han dominado el mundo. - la pizza de maná llevaba piña, y fel caramelizado, para chuparse los dedos del pie Me Gusta
  25. Dibujitos

    Ese elfo... Me molan los bocetos. Espero ver más e.e
  26. Oliver Sawyer

    Nombre: Oliver Sawyer Raza: Humano Sexo: Hombre Edad: 19 Altura: 1.80 Peso: 75 Lugar de Nacimiento: Gran Hamlet (Villa Oscura) Ocupación: Desempleado Descripción física: Joven humano de tamaño y contextura promedio, midiendo cerca del metro ochenta centímetros. De ojos oscuros y mirada avispada, tez clara y cabello rizado, largo y pelirrojo. Descripción psicológica: De personalidad un tanto cínica, suele mostrarse como alguien jovial y seguro de sí mismo, le gusta rodearse de gente y a menudo hace chistes malos o bromas para distender el ambiente o generar complicidad con las personas que tiene cerca.
  27. Dibujitos

    Jajaja que bueno que gusten! pero ¡Eh! Que somos personas serias que se juntan a matar criaturas peligrosas por el bien de la sociedad, no por diversión... No se como puedes dudar de nosotros.
  28. [Juego] Continua la historia

    Se encontraba terriblemente confuso en el bosque, mientras se mecía en brazos un Múrloc cagado. Tras un solitario Tauren albino se encontraba la muerte del Unicornio Pepe. —¡Que Desdicha! ¡Lagarto! —dijo mientras intentaba tragarse a . -¡Cagüentuagüela! - Ajin te tireh un peoh pa entro y te ajogeh de la pehte!- le contestó el lagarto. Al llegar el nigromante, un yunque parlanchín le miró muy severamente y dijo: - Llegas tarde. Los elfos han dominado el mundo. - la pizza de maná llevaba piña, y fel caramelizado, para chuparse los
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